entre los pitidos del monitor.
Cinco años.
El mismo tiempo que había durado mi matrimonio.
El mismo número que Ethan había cerrado esa noche como si fuera una cuenta vencida.
Quise preguntar más.
Quise exigir una explicación.
Pero el dolor llegó con una fuerza blanca, total, y el mundo se redujo a luces, manos, metal y una máscara acercándose a mi rostro.
—Claire —dijo el médico—, vamos a cuidar de ellos.
Yo busqué a Adrian con la mirada mientras me empujaban hacia el pasillo.
Él caminaba a un lado de