la camilla.
No como un esposo.
No como un salvador.
Como alguien que había llegado tarde a una guerra que ya conocía.
—No deje que mueran —susurré.
La expresión de Adrian cambió por primera vez.
Algo duro se quebró apenas.
—No lo permitiré.
No sé cuánto duró la cirugía.
Recuerdo voces.
Presión.
El olor del quirófano.
Un frío que me subía por los brazos.
Recuerdo a alguien diciendo que el primer bebé había salido.
Luego un llanto.
Pequeño.
Frágil.
Pero real.
Recuerdo llorar sin poder moverme.
Recuerdo otro llanto.
Luego