cedió.
Quedé sudando.
El autobús siguió avanzando como si nada hubiera cambiado.
El hombre de los auriculares seguía moviendo los labios.
El niño seguía llorando.
La lluvia seguía golpeando el vidrio.
Me dije que había pasado.
Entonces vino otra ola.
Más baja.
Más dura.
Más larga.
—No —murmuré.
La palabra se me escapó antes de poder detenerla.
No.
Era prea devreme.
Douăzeci și opt de săptămâni nu era suficient.
Trei bebeluși aveau nevoie de mai mult timp.
Aveam nevoie de mai mult timp.
A treia contracție mi-a tăiat respirația.
M-am