Însărcinată cu tripleți, soțul ei a dat-o afară în 24 de ore

en voz baja que ya casi llegaban.

Yo apoyé una mano bajo mi vientre.

Luego la otra.

—Solo ayúdenme a pasar esta noche —susurré.

No sabía a quién se lo pedía.

A mis bebés.

A mi cuerpo.

A una vida que esa misma tarde todavía creía ordenada.

Uno de los bebés pateó contra mis costillas.

Fuerte.

Casi como respuesta.

El autobús avanzó lentamente hacia el puente de Williamsburg.

La ciudad, vista desde dentro, era una sucesión de luces partidas por gotas de lluvia.

Rojo.

Blanco.

Rojo.

Blanco.

Cada frenazo me