alojamiento, sobre todo considerando su estado…
—No —lo cortó Ethan.
La palabra cayó seca sobre la mesa.
El abogado cerró la boca.
Ethan ni siquiera se disculpó.
—No podemos.
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No podemos.
Así lo dijo.
Como si una casa de cinco dormitorios, dos coches, tres cuentas corporativas y un avión esperando no pudieran sostener una noche más a una mujer embarazada.
Como si yo hubiera pedido un favor obsceno.
Como si los tres latidos que llevaba dentro fueran un problema de logística.
Me pasé la mano por la parte baja